El Cuento del Joven Tempano de Hielo

Hace mucho, mucho tiempo en el país de los hielos nació un hermoso y delicado témpano. Su madre y su padre estuvieron felices con el nuevo miembro de la familia. Bebé témpano aprendió a flotar sobre las aguas muy pronto. Pero por una extraña razón su forma de flotar y tratar con las aves, focas y osos polares era diferente al resto. Él siempre fue consciente de esa diferencia. Y vez de querer quedarse allí para flotar entre los hielos eternos siempre anheló irse junto al sol a tierra firme.

Cuando cumplió la mayoría de edad de los témpanos, habló con su madre y su padre para que le dejasen partir al lugar donde siempre soñó estar. Mamá témpano lloró mucho, no le gustaba para nada la idea. Papá témpano gritó y blasfemó. Argumentó que su origen era el agua, agua congelada; que su vida sólo la podía vivir siendo un gran trozo de hielo cuyo fin era flotar y albergar los nidos de las aves y los animales, y que el gran creador de los hielos le castigaría por negarse a ser un témpano en el país de los témpanos.

Nuestro amigo se puso muy triste, pero no le quedó otro camino para ser feliz que seguir a su corazón. Así una noche emprendió el viaje hacia la tierra que entibiaba el sol. Fue un largo camino. Una tarde ya sin fuerzas se tumbo bajo unos arboles en un hermoso valle. Pronto se quedó dormido. El Sol, como cumpliendo la maldición de ese dios que decía Papa Tempano, poco a poco su cuerpo fue castigando el cuerpo del Joven Tempano hasta conseguir disolverlo.

Al despertarse el Joven Tempano se sintió distinto, su duro cuerpo de tempano ahora era tibio, se había convertido en el lago más hermoso de la zona. La noticia se difundió por todos los lugares. Y desde todos los rincones llegaron aves y animales a contemplarse en la aguas cristalinas del nuevo lago.

Una mañana llegaron al valle dos témpanos. Eran mamá y papá témpanos, quienes asustados por la noticia que había llegado a sus oídos, venían a ver en qué se había convertido su hijo. Grande fue la sorpresa cuando vieron que en ese valle rodeado de árboles, muchas aves y animales vivían en torno a un hermoso lago que se parecía mucho a que les recordaba a algo familiar pero no sabían que.

Desde las profundidades escucharon una voz que les decía: “Soy yo, vuestro hijo. Aquí estoy. El creador no me castigó. Al contrario, ha dejado a mi cuidado varias de sus criaturas. Soy feliz y doy mucha felicidad a aves y animales igual que ustedes allá en el país de los hielos.”

Mamá témpano asustada exclamo:

-¡¡¡¿En qué te has convertido, hijo mío?!!!

-En un lago.

-Pero ¿que es esto de ser un lago? -replicó el papá-

-Papá, un lago no es otra cosa que una forma diferente de ser tempano, más suave, más cálido, pero agua al fin.

    Con este cuento termino su intervención el exPresidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, al recoger el premio ‘FanCineGay décimo aniversario’.

    Pueden considerarlos el Ibarrísimo XIII

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