6 de Noviembre de 1997

Comenzó a llover al mediodía del día 5 con una intensidad de esas que hacen que te pienses dos veces salir de casa. No minoró la cantidad de agua en toda la tarde. Parecía que el miedo de Abraracúrcix se hacía realidad y el cielo caía sobre nosotros.

Por la noche, sentado viendo la televisión, los relámpagos nos iluminaban todo Badajoz. La lluvia no cesaba, caía y caía sin bajar la intensidad. Nos fuimos a la cama con el ruido incesante de golpes en las ventanas.

Antes de las 8 de la mañana del día 6 iba camino de la universidad montado en un urbano de la línea 9. El Guadiana, siempre tranquilo y en calma, esa mañana estaba enfadado, demasiado cabreado, unas inusuales olas cubrían el río de espuma de rabia. Justo delante de mi portal había un árbol que tapaba las vistas a las vecinas del 4º. Ahora estaba encima de varios coches que habían parado su caída hasta el suelo.

Esperando a que comenzara la clase de Macroeconomía, empiezo a conocer la desgracia. Compañeros que viven en el barrio de Cerro de Reyes empiezan a hablar de la tragedia. Agua y barro dentro de las casas. Puentes caídos por la fuerza de unos arroyos que siempre estaban secos. Alguno empieza a hablar de muertos. Los chistes sobre un guadiana para la práctica del surf acaban. Cada noticia era ya peor que la anterior.

La curiosidad hace que al mediodía con algunos amigos vayamos a explorar el resultado del agua. El puente viejo sobre el río Guadiana apenas tiene ojos, no parece un puente, parece una simple carretera sobre el agua. Empezamos a ver neveras flotando como canoas, coches flotando sobre parques convertidos en lagunas, puentes que ya no conectaban ninguna orilla, marcas de barros en las fachadas que marcan una línea de barro a la altura de las ventanas de la primera planta, etc.

Empezamos a escuchar a vecinos, a eso de la una y medía de la noche del 6 escucharon ruido, sin saber como ni porque avisaron a la familia y con los niños en los brazos comenzaron a subir por las cuestas cercanas a la plaza de toro. Llegamos hasta el puente sobre el Rivilla y el Calamón que se adentra dentro de Badajoz desde la autovía de Madrid. El agua pasaba más de tres metros por encima de él. ¿Cuantas veces he pasado por encima de él dentro de un autobús? El agua alcanzó más altura que la del autobús.

Al lado del puente había un piso. Bueno, ya era una casa baja. Del primer piso sólo quedaba la bañera pegada al suelo. No había nada más.

El día 7 comenzamos a quitar barro.

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Una respuesta a “6 de Noviembre de 1997

  1. Una auténtica pena, jamás me olvidaré de la cara de uno de mis compañeros de clase, afectado por la riada, cada vez que volvía a llover sobre Badajoz… Terrible suceso.

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