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enero 04th, 2010 | Autor: San Tiago

La siguiente fábula es un relato de Bruno Lussato que aparece en su libro: “El desafío informático” (Editorial Planeta, 1982). En él, este profesor informático frances, describía ya en 1981 como se desarrollaría la informática en las siguientes dos décadas.

Yo, tres décadas después, les vuelvo a traer a mi blog esta fábula como posible futuro de la informática en el aula si dejamos todo en manos de Windows:

Érase una vez un pueblo donde la gente vivía feliz, la sopa constituía su principal alimento, y cada hogar tenía su especialidad propia. Tomates, perejil, cebollas, pimientos marrones, especias… Cada ama de casa tenía su receta inimitable su pequeño secreto. Se daba a probar la sopa a sus amigos. Eran tiempos felices.

Cierto día, procedente de una Babilonia cercana, llegó un hombre misterioso. Visitó el sistema financiero, tras lo cual, después de haber reunido a sus habitantes en la plaza mayor, les grito ¡Sois unos tontos! Es una pérdida de tiempo el hacer la sopa tal como las hacéis. Este pueblo consta de mil hogares y tenéis que cuidaros de mil calderos.

- ¡Es absurdo! Dejadlo en mis manos. Tengo una solución mucho más económica. Me comprometo a preparar la sopa para todo el pueblo en un sólo caldero. Para encender el fuego bastar con una cerilla en vez de las mil que necesitabais. En cuanto al agua es suficiente con ir una sola vez al pozo; y todo resulta más barato. ¡Y se compran los tomates, el perejil, las cebollas, los pimentones y las especias al por mayor! ¿Acaso vuestras mujeres tienen tiempo para aprender a preparar la mejor sopa del mundo? ¡Claro que no! Yo, gracias al ahorro que mi sistema garantizó, poder‚ contratar para vosotros, sólo para vosotros, al mejor cocinero del país, al gran especialista de la sopa. No se dedica más que a esto: ¡A preparar sopa! No sólo escoger los ingredientes de mayor calidad y saber cocinarlos de la forma más adecuada, sino que sabe como remover con la cuchara correctamente. ¡Atención! Puedo incluso, contratar, además del cocinero, a un especialista que elige los ingredientes y a otro para remover con la cuchara ¿Habéis pensado siquiera acerca de este problema? Lo hacéis como Dios os lo da a entender, estoy seguro de ello. Yo, en cambio, voy a confiar la preparación de vuestra sopa a tres especialistas. ¡Os costará vuestra sopa dos o tres veces menos que ahora y será mil veces mejor!.

El hombre ese tenía una lengua de oro. Venía de la ciudad. Fue aclamado por la población. Incluso se buscó un astrólogo que reveló que todo esto estaba escrito en las estrellas. El primer paso que se dio fue encontrar o construir un caldero grande. Al no dar con él se tuvo que proceder a su fabricación, pero con tan mala fortuna que se agrietó: A nadie se le había ocurrido recurrir a los servicios de un ingeniero especializado en resistencia de materiales. Se contrató uno.

Tras dos años de trabajo se compró un soberbio y gigantesco caldero que dominaba las casas del pueblo. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que necesitaban una cuchara tan grande que ningún hombre era capaz de manejar por sí solo. Otro ingeniero puso mano a la obra e inventó un dispositivo mecánico especial.

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